Ayer no hubo discusiones familiares. Un poco de quehacer matutino, unas páginas de lectura de El Heredero, el libro que me regaló Katherine. Abracé y recibí muchos abrazos (Nunca demasiados. “Demasiados” implica más de lo necesario). Caminé 40 minutos rumbo a Plaza Patria, canté junto con mis audífonos en voz alta por la calle, compré mis medicamentos para mi padecimiento de colon inflamado, compré los libros que les voy a regalar a los chicos que se gradúan y me compré tres cosas en una boutique. El regreso fue duro. El sol estaba en todo su esplendor e iba bastante cargada. A siete cuadras de mi casa pasaron Marisol y su esposo Roberto y me invitaron a comer a su cafetería, no la de siempre; la que no conocía. Una rica sopa de tomate y pollo a la plancha con pasta. Luego una infusión de mango y fresa. Me gustó mucho el lugar como para ir a comer con Marina. Apenas de regreso en casa me arreglé un poco el cabello para volver a salir: visitar a los hermanos de mi papá. Mis tíos tan poco frecuentados. Regresé a casa con dolor de cabeza y piernas, pero sintiéndome muy alegre y revitalizada al mismo tiempo. Es arriesgado decirlo, pero sintiéndome casi feliz. La felicidad no es momentánea, lo sé, lo creo, pero… fue un día grandioso. Quiero que haya más días de estos. Quiero estar mejor.
Al parecer será el primer año nuevo desde que recuerdo que no pasaremos la noche de Año Nuevo con los parientes. Por lo menos nos abstendremos de las uvas, costumbre que me parece por demás tonta. Yo no hago propósitos en estas fechas. Las intenciones de cambio no tienen porqué ir a de acuerdo a ciclos impuestos en forma externa.

Un recuento de lo aprendido en este año:

* La competencia es siempre con uno mismo.

* El interés por las cosas que desde hace mucho nos han importado es también variable.

* Una cosa son los "compas" del pasado y otra, los amigos.

* Hay que decir lo que se piensa. El límite es no salirse del ámbito del respeto.

* Más de 4 cervezas hacen que brote una yo que no quiero en mi vida.

* Ergo, las cervezas me caen muy mal. El vino tinto no.

* Descubrí mucha música interesantísima.
* Me hace mucho bien la gente desenfadada (me balancea)
* Me reconforta intentar dar un poco de consuelo.
* Pensar que merecemos algo de la vida es una utopía, una falacia. La vida no funciona así.

* Ya no quiero intentar festejos de cumpleaños masivos.

* Acumular demasiado las lágrimas es peligroso. El dique termina rompiéndose y lo inunda todo.

* No es no, aunque lastime. (Aunque lastimemos)

* Amar el momento.

* Es bueno no postergar las cosas buenas para el último (supuestamente para disfrutarlas más). No se sabe si el último momento es éste. Hay que leer el libro que queremos antes que los que nos aguardan desde hace mucho en el estante. Probar este platillo que deseamos hoy y no en la fecha especial, comprarnos ese colguije que nos gusta cuando lo vimos y no el próximo sábado, abrazar a la gente que queremos en este instante y no después. Decir cuánto queremos a alguien, cuánto vamos a extrañar, agradecer, sonreír, besar.
* Ni modo: a veces hay que soltar cosas importantes, aunque no se sepa que hay del otro lado de la ventana.
* Hay gente que lo significó todo y ahora no representa sino un hueco, más o menos así:

"Ya no eres libro, ni ángulo, ni siquiera eres piedra y en tu lugar habita un hueco de respiración, un hueco chiquito pero hondo, muy hondo, un hueco vacío que llega más allá de las capas que atraviesan el núcleo de los irreversibles." (Peces en el café)

* Desapegarse de las cosas "favoritas" y de algunas personas realmente es liberador.
"Sí, lo malo de la vida es que no es lo que creemos
pero tampoco lo contrario"

(Alejandra Pizarnik)

¿Han sentido, con verdadera convicción (sí, también otras cosas  además de la razón forman convicciones) que hay cosas que a ustedes nunca les van a pasar? ¿Cosas que viven casi todos los demás mortales y que constituyen el impulso de su vida, pero ustedes no han de experimentarlo?  Este año tuve una epifanía al respecto. Por ello ideo día a día otros motores, otros mecanismos de buscar (dentro de mí) aquello que me mueva a seguir respirando, otras realidades, otros autoengaños, otras sonrisas y sí, también, en estos casos, hay que diseñarse otras tristezas.
Hay cosas que no les ocurren a todas las personas. Hay momentos que sencillamente no llegan, situaciones cuya ausencia a veces duele un poquito no por instinto sino porque aunque nos creamos desenajenados siempre estaremos inmersos en una sociedad que ha venido armándose desde siglos con toda clase de covencionalismos.
Porque lo queramos o no (lo quiera o no) somos producto de una herencia social donde la noción de ciertas complementariedades (bajo las cuales pensar que bastarse uno mismo es técnicamente imposible) están tan arraigadas que queda por ahí una reminiscencia molesta, muy molesta, haciendo un ruido ancestral que no proviene de la razón. Hay cosas que, con algunos, nunca pasan.


En retrospectiva: He vuelto al frío. Hoy llegué de la playa. Mis papás y yo fuimos a Guayabitos, en Nayarit. Tan sólo fue el fin de semana. La primera noche me di la enchilada del mi vida. ¿Una salsa mexicana con chile habanero??? Aggh, ni pude disfrutar mis tacos.  Hacer compras básicas, Caminar un poco por la playa oscura, en la noche, bajo el recuerdo de Alfonsina Storni y los cuentos tétricos de Lovecraft, luego  intentar dormir. Es increíble, pero ahí anochece a las 5:30 de la tarde. Al día siguiente re-conocer el templo, desayunar varitas de pescado (una delicia!!) en la playa, caminar un poco en la arena, coquetear con un chico lindo que hacía malabares y jugar a meterme al mar. Recordar el poema que escribió para mi Mr. Departures hace varios meses. Me quedé dormida poco menos de una hora en  plena playa con el traje de baño mojado y en la sombra, así que me estuve congelando por un buen rato. Un duchazo para luego ir a comer uno de los platillos de mariscos más caros de mi vida por tan poco alimento. De regreso al hotel me quedé dormida a las 8:00 pm..Cual si fuera una bebé... despertaba a ratos, finalmente durante la noche los ronquidos de oso de mi papá me impidieron tener un sueño corrido. Tuve que recurrir a poner un poco de música en mi Ipod para silenciar un poco el sueño de los justos de mi papá. Hoy ir a ver el mar un rato en la mañana, volver a desayunar varitas, alistar el equipaje, parar un rato en un tianguis artesanal donde conseguí varias cosas lindas. Aquí estamos... Lo pasé bien aunque todo fue demasiado apresurado. Creo que habían pasado 6 años desde que no iba al mar.

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La Navidad no fue nada espectacular si me atengo a la cena. Es triste que otros quieran mandar hasta en tu propia casa ( y que de alguna forma, uno se los permita). Todo finiquitado en un par de horas vertiginosas, concluído antes de la medianoche. El jueves fui a desayunar wafles con Marina y Paola, por la noche conocí la casa de Marisol y estuve pasando una velada muy agradable. Su esposo Roberto opina que mis blusas son demasiado llamativas. Eso me hizo gracia porque en casa muchas veces opinan lo contrario.

Hay que regresar a los deberes.
 A qué grado de sensibilidad me encuentro que al leer la palabra /sánscrito/ derramé una lágrima...

कर्ला
(Karla)
1
Una de las lecciones es buscar el punto medio. Aprendí, empíricamente, que hay momentos y personas con las cuales se vale deschongarse un poco, otras con las que lo mejor es mantener los cinco sentidos alertas sin por ello dejar de disfrutar el momento.

2
Hoy, después de ver a Marina, Ale y Paola, me siento bien. Es tan lindo poder salir a platicar un poco sin que medien por ello los temores  a pasarla mal por un comentario mal acomodado...

3
Hay un temblor intrínseco que extraño. Supongo que es el precio de dejar crecer la parte racional. Sin embargo, no por ello eliminaré de mí el placer de sentir. Los momentos y la interpretación de los hechos, el aprendizaje, más que los hechos en sí mismos lo son todo. De eso se trata esto. Probablemente por ello ya le resto importancia a acumular.
Todavía regreso a dar una materia de 15 días, en enero. Así que tengo 15 días de vacaciones. Tanto que quería ir al teatro, al cine, darme una vuelta por las librerías de costumbre al menos para darme un taco de ojo y ahora que me sobra el tiempo es el factor monetario lo que limita esas posibilidades. Hay mucho qué hacer en casa. La cena del 24 será aquí. De todas maneras, dentro de estas cuatro paredes tengo más de 50 pelis esperando a ser vistas, y muchos libros pendientes. Sobre todo, tengo muchos minutos para meditar en el mejor modo de reorganizar los próximos meses en mi vida.
Sería inútil expresar todo lo que siento en este momento. Hoy fue la posada de los alumnos del Instituto y de los maestros. Hoy fue, formalmente, mi último día de clases con los chicos del bachillerato general. Hoy Juan lloró al despedirse de mí. Hoy la foto que quise tomarme con mis alumnos de quinto no salió. No pude despedirme de todos como hubiera querido. Me siento demasiado extraña. Demasiado confundida para decir bien a bien qué se siente IRSE. Qué se siente renunciar a un empleo de esta naturaleza en busca de crecimiento y sacrificando al mismo tiempo todo el cariño que me dieron quienes fueron hasta hoy mis alumnos. Todo son ciclos. Tres años y cuatro meses... Puede que sólo sea lo que siento y me inunda. No sé exactamente qué haya en la otra orilla. Por ello tanto miedo. Temor, dolor, nostalgia, y muchos sentimientos revueltos, mezclados con muchas sonrisas. Temo perder todo lo que ellos me han dado. Aquí estoy.
“En realidad, son pocos los días en que uno puede sentirse anticipadamente alegre, alegre sin ruedas de café ni cantos nauseabundos a la madrugada, ni esa pegajosa, inconsciente tontería que antes y después nos parece imposible; alegre de veras, es decir, casi triste.”

(Mario Benedetti)





Tengo tanto sueño...
La mitad de él me envenena. La otra me protege. El sueño debe asemejarse mucho a la vida fetal por el lado de la protección. Necesito el placer efímero de un café. O volveré a dormir. Antes no dormía si no era boca abajo. Llevo un tiempo en el cual combino dicha posición con dormir de lado, hecha un ovillo. ¿Por qué la vida me arrebata todos los días de ese mundo primigenio y hermoso?


Espero a que las cosas se calmen. El miedo sigue ahí, latente, pero de pronto me descrubro sonriendo y me doy cuenta de que no todo puede estar tan mal. O sí, pero hay que seguirle. Ando taciturna, he vuelto a la lectura con algo que  me compré en la FIL. Sigo con el estómago contrahecho. A pesar de todo, los días transcurren deprisa. Mony me ha abrazado tres veces esta semana. Mi dosis de abrazos. Hoy puse algo nervioso a Ricardo y la verdad es que fue divertido. Escribo y empiezo a sentir tristeza punzante de nuevo. Vuelvo al horror del pensamiento de que las cosas no cambian, veo aterrada que Gasset quizá debió invertir sus palabras y seamos más circustancias que "yo". Así, me pasan de repente por la cabeza ideas tan intensas como estúpidas sobre si realmente existen los efectos de las maldiciones y por lo tanto sus atroces consecuencias, y medito en que las cosas serán siempre el mismo círculo. En cómo desde pequeña le hablo a la vida y le pregunto: "¿esto es todo?" y la respuesta que me trae el aire me decepciona.
Intento encarar la forma en la que cambio yo, y de qué tétrica manera. No tengo ánimos, pero hago planes. Leves, muy tenues, pero están ahí. No puedo dejar de moverme. Aunque tenga que seguir cargando con todo lo que soy. Aunque deba verme al espejo, directo a los ojos y no encuentre en el reflejo la que era hace siquiera una semana. Aunque sea diametralmente distinta de la imagen de lo que fui hace un lustro. Bien por mí y mal por mí. ¿Y por qué utilizo estos términos? Cómo detesto el maniqueísmo.
El espejo tiembla...


... literalmente, tiembla.
Y es atroz.
Aquí no hay poesía:
He rebasado... demasiadas cosas.
No puedo más conmigo.




El insomnio de una alumna obedece a la luna y sus facetas. Mi somnolencia constante probablemente me prepara (o pretende esconderme) del cambio. La semana pasada soñé que me encontraba en un edificio gris, inmenso, de alguna manera solitario, dentro de una casa igualmente ahumada. Y cómo se veía un resplandor que yo interpreté como nuclear, y al abrir la puerta había dos sujetos inclinados en la misma forma en la que los orientales hacen reverencia frente alguien de respeto, pero cuya inclinación era una manera ceremonial de protección ante el mentado resplandor destructor. Y luego yo misma, con otra fisonomía, de nuevo en el cuarto del cual quería salir, abriendo puertas que conducían irremediablemente a un cuarto similar al anterior, en forma sucesiva, hasta que me desperté.  
No había querido reconocerlo o no lo había descubierto en forma consciente hasta que le conté el sueño (pesadilla) a Marina y ella me lo hizo ver. Me siento un poco perdida. Y le añado: me siento frustrada, triste y me doy cuenta, pese el llanto fugaz pero intenso del otro día, de que le tengo ya muy poca fe a mis lágrimas y a muchas cosas que antes me importaban. Sé que tengo un dolor pusilánime y anciano agazapado en algún rincón de mí.  Un dolor que algunos pueden percibir aunque muchas veces yo lo olvide. Me da miedo pensar que dentro del capullo en el que tengo más de un año metida se esté gestando un murciélago en lugar de una mariposa.
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